El lavado de manos y su impacto en la historia

El lavado de manos

¿Algo tan sencillo como el lavado de manos puede salvar vidas?  Pues si, la primera fuente de transmisión de microorganismos entre los humanos son nuestras manos. Por ello es tan importante que se laven a menudo. Con agua y jabón. Nada más.

 

En un gran hospital de Barcelona se realizó un trabajo con los sanitarios sobre enfermedades nosocomiales. Es decir,  sobre infecciones que el paciente no trae de su casa sino que las adquiere en un hospital. Se analizaron batas, las chapas acreditativas, los bolígrafos de los enfermeros, etc.  El resultado fue el siguiente, donde más microorganismos se detectaron fue en las manos de los profesionales sanitarios. Manos que no se lavaban tan frecuentemente como creemos.

Manos que tocaban a un paciente y acto seguido a otro paciente y así en cadena.

Ha hecho falta una pandemia como la que estamos viviendo, para otra vez darnos cuenta de que lo sencillo es lo que funciona, pero no hacemos. Distancia social, lavado de manos, antiséptico, mascarillas, ventilación.

El obstetra húngaro Ignaz Semmelweis (1818-1865) observó que muchas mujeres embarazadas morían durante los partos en el siglo XIX. Se morían más parturientas en el hospital que aquellas  que daban a luz en sus casas. Vio que la clave estaba en la higiene y sobre todo en el lavado de manos. Las medidas de higiene de dicho doctor redujo la tasa de mortalidad del 18,27% al 1,27%.

 

 

Simultáneamente a Semmelweis, un médico estadounidense tuvo una observación similar. Oliver Wendell Holmes. Sin conocer a su colega propicio la importancia de la higiene en el ámbito hospitalario.

En 1877 el inglés John Lister hizo la primera intervención irrigando con unos aspersores la zona quirúrgica. También obligaba a lavarse las manos con dedicación a todos los que entraban en quirófano. De esta manera quedaba instalada la asepsia en la medicina moderna. Llego la revolución del agua y del jabón. Hasta entonces la medicina se basaba en creencias, no en el rigor científico. Se creían que lo que mataban a las personas eran las miasmas: conglomerado de sustancias nocivas y también cósmicas..¡¡¡¡¡

A finales del siglo XIX Louis Paster visualizó a través de su microscopio el microorganismo que desencadenaban las infecciones y abogó por el lavado de manos en una famosa conferencia en la Academia de Medicina de Francia, diciendo: “Lo que mata a las parturientas de fiebre son ustedes, los médicos, que llevan microbios mortales de una mujer enferma a otra sana. Si yo tuviera el honor de ser cirujano me lavaría las manos con el mayor cuidado”.

En 1889 Thomas Eakings funda su clínica “Agnew”, donde ya muestra un quirófano limpio y pone batas blancas a sus médicos y enfermeras. Robert Koch descubre el bacilo de la tuberculosis y de la cólera. A partir de ese momento la ciencia conoce ya a los gérmenes y las bacterias, la necesidad de imponer una norma de higiene se convirtió en una ley. La medicina iba dejando atrás las creencias y las supersticiones.

La higiene de las manos pasa del estamento médico y de los hospitales a la sociedad en general. Disminuyendo las infecciones de todo tipo.

 

Después de la segunda guerra mundial, con la aparición del estado de confort, los antibióticos y las vacunas, se ha ido relajando el tema y el hábito se ha ido perdiendo. Hasta que pandemias del calado que estamos viviendo nos ponen otra vez en guardia. Tan solo un dato: Una publicación de los Centros para el Control de Enfermedades titulada «Lavado de manos: Una actividad empresarial», cita un estudio de 2009 que mostró que «solo el 31% de los hombres y el 65% de las mujeres se lavaron las manos» tras usar un baño público.

Una investigadora inglesa divulgó, hace unos años, algunas estadísticas sorprendentes. Después de orinar, el 69% de las mujeres se lavan las manos y solo el 43 % de los hombres lo hacen. Mientras que el 78% de los hombres y el 84% de las mujeres lo hace después de defecar. El número todavía es más llamativo en lo referido al lavado antes de sentarse a comer. Ahí las cifras son bajísimas: en ninguno de los dos sexos se alcanza el 10 % Según un estudio de la OPS, higienizarse las manos con agua y jabón reduce 50% las diarreas infantiles y 25% las infecciones respiratorias. Datos como estos cobran mayor relevancia en un año como el 2020, donde la pandemia provocada por el virus COVID-19, sigue creciendo, y una de las formas más destacadas de prevención, es la higiene de manos.